jueves, 28 de abril de 2005
papeles para tod@s
SIN PAPELES
4 de Diciembre de 1998, El Mundo
José Saramago
La identidad de una persona no es el nombre que tiene, el lugar donde nació, ni la fecha en que vino al mundo. La identidad de una persona consiste, simplemente, en ser, y el ser no puede ser negado. Presentar un papel que diga cómo nos llamamos y dónde y cuándo nacimos, es tanto una obligación legal como una necesidad social. Nadie, verdaderamente, puede decir quién es, pero todos tenemos derecho de poder decir quiénes somos para los otros. Para eso sirven los papeles de identidad.
Negarle a alguien el derecho de ser reconocido socialmente es lo mismo que retirarlo de la sociedad humana. Tener un papel para mostrar cuando nos pregunten quiénes somos es el menor de los derechos humanos (porque la identidad social es un derecho primario) aunque es también el más importante (porque las leyes exigen que de ese papel dependa la inserción del individuo en la sociedad).
La ley está para servir y no para ser servida. Si alguien pide que su identidad sea reconocida documentalmente, la ley no puede hacer otra cosa que no sea registrar ese hecho y ratificarlo.
La ley abusará de su poder siempre que se comporte como si la persona que tiene delante no existe. Negar un documento es, de alguna forma, negar el derecho a la vida. Ningún ser humano es humanamente ilegal, y si, aún así, hay muchos que de hecho lo son y legalmente deberían serlo, ésos son los que explotan, los que se sirven de sus semejantes para crecer en poder y riqueza. Para los otros, para las víctimas de las persecuciones políticas o religiosas, para los acorralados por el hambre y la miseria, para quien todo le ha sido negado, negarles un papel que les identifique será la última de las humillaciones.
Ya hay demasiada humillación en el mundo, contra ella y a favor de la dignidad, papeles para todos, que ningún hombre o mujer sea excluido de la comunidad humana.
Cada día los medios de comunicación nos hablan de los problemas de la inmigración, largas colas en las dependencias del ayuntamiento, encierros en las iglesias, hiportermías, pateras, miedos, papeles, exclusión, trabajos precarios... quién se atreve a quitarles el nombre, la indetidad?
Se habla de integración, cuando deberíamos hablar de fusión, fusión de culturas, enriquecimiento de culturas.
Cuando mis padres vinieron a Barcelona (desde cádiz), entonces los inmigrantes eran ellos, cogian trabajos precarios y vivian en pisos de 50 m2 dos o tres familias juntas... Ahora la inmigración es otra, y por lo tanto ellos ya se siente "integrados" pero los problemas son los mismos. Es increíble la capacidad que tienen algunos para olvidar.
Cuando se habla de integración deberiamos incluirnos tod@s, seamos de donde seamos...
Nadie puede negarle la cultura a nadie, todos tenemos que adaptarnos. Si no lo hacemos cerramos los ojos a la realidad. No me gusta la palabra "integración" pués parece que al decirla ya estas en un nivel superior...
Por la fusión de culturas, papeles para tod@s, sin condiciones.
4 de Diciembre de 1998, El Mundo
José Saramago
La identidad de una persona no es el nombre que tiene, el lugar donde nació, ni la fecha en que vino al mundo. La identidad de una persona consiste, simplemente, en ser, y el ser no puede ser negado. Presentar un papel que diga cómo nos llamamos y dónde y cuándo nacimos, es tanto una obligación legal como una necesidad social. Nadie, verdaderamente, puede decir quién es, pero todos tenemos derecho de poder decir quiénes somos para los otros. Para eso sirven los papeles de identidad.
Negarle a alguien el derecho de ser reconocido socialmente es lo mismo que retirarlo de la sociedad humana. Tener un papel para mostrar cuando nos pregunten quiénes somos es el menor de los derechos humanos (porque la identidad social es un derecho primario) aunque es también el más importante (porque las leyes exigen que de ese papel dependa la inserción del individuo en la sociedad).
La ley está para servir y no para ser servida. Si alguien pide que su identidad sea reconocida documentalmente, la ley no puede hacer otra cosa que no sea registrar ese hecho y ratificarlo.
La ley abusará de su poder siempre que se comporte como si la persona que tiene delante no existe. Negar un documento es, de alguna forma, negar el derecho a la vida. Ningún ser humano es humanamente ilegal, y si, aún así, hay muchos que de hecho lo son y legalmente deberían serlo, ésos son los que explotan, los que se sirven de sus semejantes para crecer en poder y riqueza. Para los otros, para las víctimas de las persecuciones políticas o religiosas, para los acorralados por el hambre y la miseria, para quien todo le ha sido negado, negarles un papel que les identifique será la última de las humillaciones.
Ya hay demasiada humillación en el mundo, contra ella y a favor de la dignidad, papeles para todos, que ningún hombre o mujer sea excluido de la comunidad humana.
Cada día los medios de comunicación nos hablan de los problemas de la inmigración, largas colas en las dependencias del ayuntamiento, encierros en las iglesias, hiportermías, pateras, miedos, papeles, exclusión, trabajos precarios... quién se atreve a quitarles el nombre, la indetidad?
Se habla de integración, cuando deberíamos hablar de fusión, fusión de culturas, enriquecimiento de culturas.
Cuando mis padres vinieron a Barcelona (desde cádiz), entonces los inmigrantes eran ellos, cogian trabajos precarios y vivian en pisos de 50 m2 dos o tres familias juntas... Ahora la inmigración es otra, y por lo tanto ellos ya se siente "integrados" pero los problemas son los mismos. Es increíble la capacidad que tienen algunos para olvidar.
Cuando se habla de integración deberiamos incluirnos tod@s, seamos de donde seamos...
Nadie puede negarle la cultura a nadie, todos tenemos que adaptarnos. Si no lo hacemos cerramos los ojos a la realidad. No me gusta la palabra "integración" pués parece que al decirla ya estas en un nivel superior...
Por la fusión de culturas, papeles para tod@s, sin condiciones.

